miércoles, 7 de marzo de 2007

siete minutos de felicidad

Esta mañana, la nueva mermelada de moras provocó que los primeros cuatrocientosveinte segundos de mi día fueran tanto más amenos que de costumbre. Creo que sólo en estados de somnolencia o afines puedo apreciar de manera excepcional cosas tan ínfimas.
Ojalá me ocurriera eso durante los otros cincuetisietemilseisientos segundos que suelo pasar despierta.

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