Por lo general es algo que empieza en la yema de los dedos, y nada tiene que ver con el tacto, aunque un poco sí, pero no más con la mano que con la mejilla o el empeine.
Como sea, empieza por los dedos y me parece que tiene sentido, porque son las extremidades que suelen estar siempre a la vista, siempre dispuestas a que ese algo u otro algo aparezca.
De los dedos a las palmas al antebrazo y al codo. Pasa por los hombros y es agradable, pero lo fantástico sucede cuando alcanza el centro de la espalda. Se concentra por unos instantes y va tomando forma, pero no en el sentido figurado, porque en realidad es un algo amorfo (aunque a veces me lo imagino como una especie de mancha espiralada, pero nunca lo pude corroborar).
De la espalda a la nuca, caminito por la cabeza y bajando por la punta de la nariz, pasando por los labios, va directo al pecho. Ahí pasa algo rarísimo: se detiene (parecería estar tomando carrera) y comienza a expandirse. Abruptamente se divide en dos y toma gran velocidad. A los pies llega en lo que dura una palpitación, se apodera por completo de ellos y automáticamente empiezan a andar.
Me pregunto adónde llegarán, pero a decir verdad pero no me importa demasiado. No por ahora. Prefiero disfrutar el camino.
sábado, 3 de marzo de 2007
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