miércoles, 7 de marzo de 2007

Journal K, versión 2.004

Buenos Aires, 3 de Octubre del 2004

Querido Alejandro:

Me encuentro sumida en los efectos desalentadores de uno de esos domingos primaverales y soleadamente molestos. Me levanté hace unas horas de un fin de semana sin mucho sentido. Todavía queda todo el día por delante, todavía tengo muchas cosas para hacer, pero no estoy de humor. Fue una semana larga, y la semana que viene será mas larga aún. Están sucediendo cosas entretenidas, agitadas y emocionantes… en teoría. Pero se sabe que de la teoría a la práctica siempre quedan espacios vacíos. Me alegra haber conversado con vos el otro día al menos 15 segundos. Te siento más cerca que nunca y a la vez increíblemente lejano…

en fin.

Esta semana compré libros. Para no perder la costumbre, más Henry Miller con “Sexus” y un par más: uno de Turgeneiv, otro de Balzac, ediciones del 1907 y 1943 respectivamente (envidiame, sí, sé cuanto los amás). Empecé a leer los tres a la vez para ver con cuál empiezo. Henry gana de mano, no tanto por ser más genial que los otros, sino por su perfecta y elegante obscenidad. Hace tiempo que mis adquisiciones y acciones no se relacionan con una realidad del día a día, sino con la búsqueda de mundos alternativos, lejanos, que pueden resultar tan ensordecedores como luminosos… Esos viajes arrebatadores que se viven con cada libro, cada canción, cada universo único e irrepetible. La experiencia de entrega incondicional a la fantasía pura. Vos sabés bien de que se trata. El otro día volví a ver “La novia vestía de negro”. Al salir del cine me vi obligada a comprar un pañuelo sólo porque al rodear mi cuello con él me sentí como Jeanne Moreau. Esas cosas que pasan. Llamame ilusa, tonta, o simplemente fémina, pero el mundo que busco lo suelo encontrar en esos momentos. A veces también por la noche cuando me acuesto a dormir, con el efecto ese tan agradable que se genera gracias a la mezcla de la oscuridad, el silencio absoluto y la almohada. Como sea, no me alcanza. Soñar es hermoso pero no busco el escape, sino la conversión de esas fantasías en algo tangible. Quizá encontrarme con alguien que busque lo mismo, asesinar juntos los pedazos de realidad innecesarios y perseguir únicamente la esencia las cosas. ¿Y qué es la esencia? No lo sé con certeza, pero creo que cada día me voy acercando un paso más.

El viernes por la mañana tuve una clase de sonido insoportablemente aburrida. Clase de sonido o “sobre la imposibilidad de prestar atención”. Cómo vos me dijiste una vez, soy una persona con la cabeza en las nubes y los pies en la tierra. Pero sólo mis pies, porque la cabeza comienza a sobrevolar las nubes y las veo desde arriba. Despegando, los oídos se sienten ajenos, o tan propios que podría enloquecer. Pienso que la maqueta urbana es ridículamente insignificante cuando veo la cabeza de X desde el avión y lo reconozco (aunque sea una miniatura) porque nadie tiene una cabeza más encantadora que la suya. A pesar de que sólo es un puntito negro en alguna coordenada de esta maqueta horrenda, creo que mira para arriba. -Sí, soy yo en el avión! me estoy yendo, te das cuenta? Adiós, maldito idiota-. Comienzo a tararear alguna canción. No me importa el diminuto paisaje, ni la cabeza de X tan encantadoramente inútil. Me importa el inmensísimo pedazo azul de algo más inmenso todavía, la extraordinaria maqueta del Gran Creador o de nadie en absoluto. Y es que desde arriba, lo único verdadero es la pequeña inmensidad y…

Unos minutos más tarde, todo es océano. Aparece un pensamiento inevitable: -¿Y si el avión cayera?-. No hay problema, el tobogán inflable y amarillo siempre me pareció amigable. Pasan algunos fotogramas. FF. Y algo de elipsis. Exterior/ en algún café de Paris/ Día. K está sentada en una mesa sobre la vereda. Tiene 20 años, cabello largo y negro, lleva un pañuelo de seda en el cuello. Mira a su alrededor. Enciende un cigarrillo, cada tanto toma un sorbo de su café. Observa a su alrededor… K (en off)… “No espero a que nada suceda, porque ya esta sucediendo todo”. Desde un pequeño balcón se puede observar a un hombre tocando el bandoneón sentado en una silla. La melodía es suave y hermosa, tan parisina. El soundtrack es política y tan agradablemente correcto…

(¿Sonido directo? Sincro. Start.) Los pies en la tierra y por un rato la cabeza también, pero sorprendentemente la música sigue sonando. Miro por la ventana del aula de techos altos y paredes amarillas. En el balcón de enfrente hay un hombre sentado en una pequeña silla. Está tocando el bandoneón. La melodía es suave y hermosa, tan parisina. Sonrío. Y pienso que quizá mis sueños están mucho más cerca de lo que creía.

Espero tener noticias tuyas .

Con amor, mucho,

C.-

3 comentarios:

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