Esta es la historia de William Blink, un joven de 16 años, que vivía en los barrios bajos de Nueva York allá por 1860. Sus padres habían muerto 3 años antes, durante un enfrentamiento entre ladrones de bolsillo que reclamaban sus calles. El había quedado completamente solo, vivía ocasionalmente en casas de amigos circunstanciales, y mientras tanto iba desarrollando el oficio de carterista heredado por sus padres. Debido a su agilidad y a su encanto (era un muchacho de tez morena y profundos ojos claros) podía robarle a elegantes señoras sin que se mosqueasen siquiera, las cortejaba mientras les iba arrebatando con hábil destreza sus pertenencias mas preciadas. Claro está que las señoras ni llegaban a sospechar de él, y atribuían las pérdidas a torpes descuidos o a jóvenes menos privilegiados en cuestiones de apariencia. Debido a esto, William fue ganando varios enemigos, los cuales lo entretenían más que asustarlo. El peligro era parte de la diversión y sus contadas cicatrices marcas de su valentía. Un día le es entregada una carta de parte de un tal John Lower, as de los contrabandistas, invitándolo a unirse a su banda en el lejano oeste. William, sin dudarlo demasiado, se sube a una carreta con otros conocidos del palo. El camino es largo y el desierto inmenso. Unos días más tarde y junto con la caída del sol, llegan al esperado destino, donde deciden festejar el arribo en una cantina. Beben entre vaqueros, forasteros y mujerzuelas, y por un rato olvidan sus obligaciones. Repentinamente se desata una revuelta y William, por puro instinto le encaja una puñalada a un hombre fornido y bigotudo. Más tarde se entera de que es Lower y decide olvidar el motivo que lo llevó a ese lugar. Hacia la madrugada parte con sus compañeros a una casona, todos duermen pero se queda pensando, sin demasiada preocupación tampoco, que será de él. Cantadas las seis y con solo una hora de sueño, lo levanta un hombre que lo lleva con John Lower. Éste lo recibe animosamente y William agradece que no lo haya reconocido. Beben unas copas. Al rato llega una voluptuosa mujer de largos cabellos negros y amplio escote, la cual le sonríe muy amistosamente. Lower la presenta como su esposa, Mary. Luego de unos minutos ella se va. Lower le ofrece a William emprender un viaje al norte de la región y éste acepta.
A la mañana siguiente emprenderá una travesía de noches largas e innumerables enfrentamientos por el áspero desierto. Durante estos viajes, la ambición mueve a William a tomar el liderazgo y comienza a hacerse temer por sus propios compañeros. Una noche de calor, a raíz de una insignificante discusión, William empuña su cuchillo contra uno de ellos dándole la muerte. Luego de esto nadie se atreverá a contradecirlo.
Con el paso del tiempo, William comienza a sentir en su sangre la seguridad de llevar el mando y una idea peligrosa pero inevitablemente atractiva empieza a gestarse en su cabeza: tomará al lugar de Lower. Pensando en esto recordó a la voluptuosa morocha, a la que en realidad nunca había olvidado, y pensó que ésta suerte de premio le daba una aire mas divertido a la cuestión. Sigue atendiendo a las obligaciones del patrón, pero sin olvidar su objetivo. Mas adelante irá ganando la confianza de Micky, un fortachón del grupo y le revelará el plan. Mickey acepta ayudarlo.
Una noche, luego de un agitado enfrentamiento con un grupo de indígenas, logran cruzar la frontera que los lleva a la estancia donde se encuentra Lower. Pasan unos días allí, días en los cuales William se encargará de impresionar a Mary creyendo, por supuesto, que nadie lo nota. Durante tres noches seguidas se encuentran en el interior del molino, cuidando que nadie siga sus pasos. Sin embargo, la tercera noche, Mary olvida un manto. Al amanecer va a buscarlo, pero no lo encuentra (Micky recuperó el manto y se lo entregó a Lower). Por temor o descuido, no se lo menciona a William. Al mediodía, Lower le encarga a William que vaya al pueblo a buscar a un tal Michael Brown y lo traiga a la estancia. William no pregunta más y emprende viaje. Al llegar se detiene en la cantina para tomar un trago. Al salir camina por las calles de tierra. Le pregunta por Michael Brown a un boticario que está sentado en una mecedora en la galería de su local. Este le señala al otro lado de la calle. A lo lejos está Micky mirándolo fijamente. Su revólver brilla por el sol del mediodía. Enseguida llegan Lower, Mary, y el resto de la banda. Todos ríen, menos Mary, quien solloza. Lower la maltrata, jalándole el cabello. William, por primera vez, siente miedo e inseguridad, factores peligrosos a la hora del enfrentamiento. William, traicionado por sus impulsos, muere a las 12:33.

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